Insectos
El cuerpo de los insectos, aunque exteriormente puede ser muy diferente, se divide siempre en cabeza, tórax y abdomen, mientras los órganos internos resultan muy similares en todas las especies. El cerebro se conecta con una cadena de ganglios nerviosos que recorren el cuerpo, y unas bandas musculares del tórax son las responsables de los movimientos de vuelo: las longitudinales bajan las alas y las transversales las elevan.
Esta clase de animales frecuenta el medio terrestre y constituye el conjunto con un mayor número de especies (más de un millón conocidas en la actualidad). Sus órganos de los sentidos están muy desarrollados y su alimentación incluye materias muy diversas, lo que determina una estructura de la boca adaptada a un tipo de comida concreto. El resto de la anatomía de los insectos también se configura según las necesidades específicas y algunas especies como las abejas, las termitas o las hormigas se comunican mediante diferentes lenguajes y componen grupos muy organizados en función del tipo de trabajo que desempeña cada individuo.
Anatomía externa
En los arácnidos podemos distinguir el pro soma, no segmentado, está cubierto dorsalmente por un sólido caparazón dorsal. El abdomen primitivo está segmentado y dividido en pre abdomen y postabdomen.
Los apéndices comunes a todos los arácnidos están relacionados con el pro soma y son un par de quelíceros, un par de pedipalpos y cuatro pares de patas. Loa quelíceros se utilizan para comer, pero los pedipalpos realizan distintas funciones y están diversamente modificados.
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